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En Villaguay, robos y desmanes a la orden del día (*)


(*) Por Manuela Chiesa de Mammana. Este texto forma parte de una serie de artículos sobre los caudillos del antiguo Villaguay.

    Alrededor de 1820, Crispín era un militar destacado en la zona de Raíces. Del 10 de junio de 1822 data el primer documento que registra el nombre de Crispín Velázquez como teniente de caballería de las milicias de Villaguay. Su sueldo en ese momento sumaba $ 17 por mes.

    En tiempos del General Francisco Ramírez se habían dado mayores atribuciones a los organismos militares, delegando en sus jefes de milicias facultades de índole general. Indudablemente que ésta fue una época de extrema firmeza para reprimir la delincuencia y el bandolerismo.

    A partir de este momento la actuación militar se va consolidando día a día. Cuando en 1826 la provincia se ve convulsionada por la crisis y el caos, Crispín era teniente de la Primera Compañía, siendo sus capitanes Juan Pérez y Juan Esteban Troncoso. Su paga había bajado a $ 14.

    Aunque Villaguay era sólo un villorrio, los robos y desmanes estaban a la orden del día, como en cualquier villa más importante.

    La zozobra en que se vivía y el pillaje asolaban estos lugares solitarios y sin orden aparente.

    En agosto de 1827, don Manuel Urdinarrain, desde Mandisoví, le comunica al Gobernador que el teniente Velázquez no ha contestado el despacho de encontrarse en ese lugar con su gente reunida. ¿Será ésta la primera desobediencia importante de Crispín?

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