"Día por medio venía Rosita Santos para ayudarlo a acomodar la mercadería dispersa"
Por Manuela Chiesa de Mammana (*)
El turco no levantaba la persiana hasta las ocho. Salía por la puertita lateral a las seis y treinta, paseaba por la esquina, caminando por ambos lados hasta las siete. Cada tres o cuatro días se acercaba a una ventana del frente, golpeaba sutilmente tres veces con los nudillos y, parsimoniosamente, se disponía a abrir la tienda.