La Cámara del Crimen de Río Tercero, Córdoba, condenó por unanimidad a prisión perpetua a María Belén Barreto, oriunda de Villa Domínguez, acusada de asesinar a su esposo, Alexis Marín, el 27 de diciembre de 2023, en la casa que habitaban en San Agustín, del departamento Calamuchita.
La joven
entrerriana de 31 años se encontraba imputada del delito de “Homicidio
calificado por el vínculo”, por lo que sólo se preveían dos chances: la
absolución o la prisión perpetua.
Aunque la
mujer alegó que la víctima “se clavó el cuchillo” al caer hacia atrás, las
pruebas forenses y testimonios terminaron confirmando en el juicio por jurado
popular la acusación de Instrucción.
Realizaron
la misma lectura de la investigación instructoria y pidieron prisión perpetua
el fiscal de Cámara, Gustavo Martin, el defensor oficial que se constituyó en
querellante, Alfredo Brouwer de Koning, y la abogada del Niño, Rocío Rodríguez.
Por el
contrario, el defensor oficial, Daniel Apóstolo, pidió la absolución por
considerar que “fue legítima defensa, en un contexto de violencia de género”. En
esa línea, sostuvo que la acusada respondió por los dichos de Alexis, que
víctima del consumo de droga la amenazaba y que la mujer “quería salvar su vida
y la de sus hijos”.
Apóstolo
interpretó que no “era un hecho doloso, porque no fue intencional”. Además,
reprochó que en el juicio “hubo comentarios, especulaciones y no evidencias”. A
la vez, opinó: “La Justicia no se construye con dolor”.
A su turno,
el fiscal Martin sumó que “todos los dichos de la acusada se tornan dudosos”.
Su relato consistió en que en esa pelea de pareja, la víctima “se quería ir de
la casa”, según declaró una testigo, y rompió la puerta porque la victimaria no
le habría dado las llaves.
El
querellante (en representación de los padres de Alexis) también hizo propio el
planteamiento del fiscal. Con dureza, reprochó a los peritos de la defensa
cuyos testimonios “estaban guionados”. Resaltó, además, los testigos que
aseguraban que la acusada “tomaba alcohol”.
CRÓNICA LUCTUOSA
Barreto
sostuvo que su esposo se encontraba “fuera de sí” y que la atacó con un
cuchillo. Ella afirmó que, tras lograr quitárselo, se produjo un forcejeo en el
cual su esposo “hizo para atrás y se clavó el cuchillo en la espalda” de forma
accidental.
Sin embargo, la
autopsia reveló que no hubo una sino ocho heridas punzocortantes en la espalda
de la víctima. La herida mortal, que ingresó al tórax y perforó el pulmón
y la aurícula izquierda del corazón, tuvo una trayectoria “de arriba hacia
abajo”.
Para la
Justicia es incompatible con un accidente por caída y, por el contrario, revela
una “potente puñalada aplicada” con intención de matar mientras la víctima se
encontraba de espaldas a su agresora.
Además, el
entorno de Alexis describió un vínculo marcado por el aislamiento y el
sometimiento. Testigos afirmaron que Barreto lo “custodiaba” en el trabajo, no
lo dejaba hablar con su familia y cubría el frente de la casa con una
media-sombra para impedir la vista desde el exterior.
Según una de
las hijas de la imputada, el conflicto fatal se habría originado porque Alexis
intentaba abandonar el hogar y su esposa se lo impedía.
Otro indicio
clave para la acusación fue la conducta de Barreto tras el ataque. El registro
telefónico muestra que, antes de llamar a la Policía, la mujer se comunicó con
una expareja e incluso habría intentado contactar a un abogado.
Durante esos
42 minutos, Alexis sangraba en el suelo de la cocina sin recibir auxilio médico
por parte de su esposa, según se desprendió del juicio.
Para la
Justicia, esto demuestra un “desprecio por la vida” y confirma el dolo
homicida, ya que nunca orientó su conducta a socorrer a la víctima.
“Yo no
quería darle muerte, no soy así”, concluyó la acusada en el juicio.
DISPUTA POR LA TENENCIA
A la par de la condena penal, persiste la tensión por el
futuro del hijo de la pareja, identificado como B. El menor cumplía apenas seis
meses el día del crimen y ha estado en el centro de una disputa judicial.
Mientras Barreto cumplía prisión preventiva (primero
domiciliaria en Villa Domínguez y luego en la cárcel de Bouwer), la criatura quedó
al cuidado de una familiar de la acusada en Entre Ríos. Sin embargo, los
abuelos paternos mantienen un reclamo activo por la tenencia del niño,
cuestionando que permanezca en el entorno de la ahora condenada. En el juicio
también participó la “Abogada del Niño”, Rocío Rodríguez, para velar por los
intereses del menor durante el proceso.
Con esta sentencia a prisión perpetua, la justicia de Río
Tercero cierra el capítulo penal de un caso que, a más de dos años del crimen,
mantiene conmovida a la comunidad de San Agustín (La Voz del Interior).
