La pregunta que despierta mi interés, entre la escritura, los escritores y estas dos fechas, es: ¿la literatura tiene que ser comprometida, o lo comprometido tiene que ser el rol del escritor, dado que su herramienta de trabajo es la palabra y, como tal, esta puede tener un alcance relativo a su figura pública?
En diciembre de 1968, tres escritores
latinoamericanos coincidieron en un viaje de París a Praga: Julio Cortázar,
Gabriel García Márquez y Carlos Fuentes. En la estación de destino los esperaba
Milan Kundera. Invitados por la Unión de Escritores de Checoslovaquia, los tres
dieron una entrevista conjunta a Petr Pujman —publicada por primera vez en
español en Las cartas del Boom (Alfaguara, 2023)—. "Los
latinoamericanos teníamos títulos para hablar de imperialismo, de invasiones,
de Goliates y Davides", diría más adelante Fuentes.
La primera pregunta fue si la literatura
latinoamericana era una unidad, a lo que Cortázar respondió:
"Personalmente no la quiero demasiado. Apuesto a la diversidad más que a la
unidad. El ideal de la unidad latinoamericana es más bien político y
económico". Fuentes, por su parte, diría: "Queremos crear un idioma
común para todos nosotros, pero al mismo tiempo propio de nuestros países
específicos". A su turno, García Márquez respondía: "Por supuesto,
está la influencia europea de la que habló Cortázar. Pero la literatura
española fue lo primero. Entonces no me siento español, pero no puedo olvidar
que nuestros abuelos eran españoles". Antes de finalizar, Fuentes tomó la
palabra para hablar de la realidad de México pero, al utilizar un
"nosotros", no es desatinado pensar que los tres compartían la
siguiente opinión: "Entendimos que la imaginación no se justifica por sí
misma. Y además que, una vez que la literatura es realmente literatura, dice
mucho más sobre los problemas sociales que cuando el autor tiene como programa
escribir literatura social (…). Al escribir sobre realidades imaginarias
también estamos escribiendo sobre la realidad y negamos la realidad transmitida
por los periódicos y los mass media —que en su mayoría están en manos de
los Estados Unidos o de una pequeña oligarquía local—. Ellos no tienen
imaginación; nosotros sí".
LA IMAGINACIÓN TOMA EL PODER
No es casual que la palabra
"imaginación" estuviera presente en la entrevista colectiva de los
escritores latinoamericanos en Praga. Existe un contexto que la vincula con la
famosa frase pintada en las escalinatas de Ciencias Políticas de París y
recopilada, junto a tantas otras, en el libro Las paredes tienen la palabra,
diario mural, mayo '68, por el profesor Jean-Jacques Cheval. Según él, el
Mayo francés de 1968 "es también la aparición de una aspiración a la
expresión, a una palabra más directa y liberada de sus limitaciones, más en
línea con los temores, las aspiraciones y los cambios sociales y morales de los
años 60". A ello agrego, al calor de un contexto mundial de luchas
emancipatorias, anticapitalistas y antiimperialistas: la Revolución Cubana y
sus repercusiones en toda América; la resistencia triunfante del pueblo
vietnamita; la emancipación de Argelia; las rebeliones en África y Asia, por
nombrar algunas expresiones político-económicas, sociales y culturales de las
cuales Europa no podía estar ausente; como ausentes tampoco podían estar estos
tres escritores de las discusiones abiertas por el fenómeno del Mayo del 68.
GARCÍA MÁRQUEZ: ENTRE LA PASIÓN Y LA CRÍTICA
Por el lado de Gabriel García Márquez, había
conocido París en 1955. No obstante, un año antes del Mayo francés se había
instalado en Barcelona, donde permanecería hasta 1975. Para "el
Gabo", 1968 coincide con la publicación en francés de Cien años de
soledad, y recuerda ese año en París, como siempre, entre la pasión y la
crítica: "Llegamos cuando todavía estaban rotos los adoquines por las
batallas de mayo; ya estas estaban petrificadas en la mentalidad de los
franceses: los choferes de taxi, el panadero, el tendero nos hacía un análisis
agobiante de los acontecimientos y nos dejaba la impresión de que lo único que
hubo allí fue un tropiezo de palabras".
FUENTES: LA REVOLUCIÓN EN LAS CONCIENCIAS
Carlos Fuentes es, de hecho, quien dedicaría
todo un libro a reflexionar y dar sus impresiones al respecto. En Los 68 o
la Revolución en las conciencias y en los corazones, el mexicano rescata,
al igual que Jean-Jacques Cheval, que "los slogans, las pintadas (son) el
sentido moral de la revolución", como uno de los aspectos, digamos,
positivos, y asegura: "Y esto es lo primero que hay que comprender sobre
la revolución de mayo en Francia: que es una insurrección, no contra un
gobierno determinado, sino contra el futuro determinado por la práctica de la
sociedad industrial contemporánea". Lo cual, en parte, difiere del 2026,
porque es claro que el descontento actual es contra el gobierno del presidente
Emmanuel Macron; no menos —y aquí la parte que coincide— contra un futuro
determinado por un presente. Entre todas sus reflexiones, algunas más
ocurrentes que otras —como "Maridos y mujeres se separaron por
incompatibilidad política, moral y erótica (pues se trata de sinónimos)" o
"La revolución ha sustituido a los siquiatras"—, también se
encuentran frases donde Fuentes cita a otros escritores: "Camus: la
revolución es el único acto que puede transformar las condiciones sociales
intolerables, pero al mismo tiempo la revolución puede conducir a la creación
de situaciones sociales intolerables".
Esta última frase viene a cuento porque una de
las expresiones que hoy se escuchan en los platós televisivos es lo intolerable
de la situación a propósito de los destrozos en la ciudad. A partir de allí se
podrían establecer otros paralelismos, más negativos, entre aquel pasado y este
presente. Por ejemplo, Fuentes decía: "Los mass media han sido
monopolizados y domesticados", algo que podría adaptarse a la realidad de
2026 e, incluso, agravarse si tenemos presente el fenómeno de las fake news,
las redes sociales con cuentas falsas y las imágenes generadas con IA. De allí
se desprende el papel de la publicidad o las propagandas, o de las
"necesidades innecesarias", como las presentó Fuentes, quien
sentencia: "La publicidad se convierte en el brazo ejecutor de esa demanda
innecesaria". Claro está, no hay que olvidar el papel de las llamadas
fuerzas del orden: "La policía carece de imaginación: nada puede ofenderles
más que una revolución que proclama la imaginación al poder".
Como señala el Colectivo de Acción Judicial
—abogadas y abogados militantes— en un texto publicado el 20 de octubre en Révolution
Permanente (traducción propia del francés), tras los primeros juicios
rápidos por las detenciones del 17 de octubre, las audiencias "se
transforman en interrogatorios políticos", los mismos que en la custodia
policial, pero a la luz pública, con el fin de dar escarmientos, desalentar la
movilización y quebrar el movimiento.
Fuentes destacaba, además, "la creación
activa de las condiciones revolucionarias, el indeclinable sentido
internacional de los movimientos revolucionarios", lo cual es un vivo
reflejo de este octubre de 2026: Francia, Albania, España, Italia, Argentina,
Chile… algunos países de Asia y África, y la lista puede seguir. No obstante,
las luces siempre estuvieron puestas desde y hacia París.
CORTÁZAR: ESCOBA EN MANO
Por último, Cortázar, nacionalizado francés, es
quizás, de los tres, el más abiertamente reconocido como comprometido
políticamente, valorado y criticado por ello. Era consciente de que el Mayo del
68 tenía un ida y vuelta con América Latina y, sobre todo, con Argentina. De
hecho, en 1968 la Casa Argentina de la Ciudad Universitaria de París fue tomada
y, al respecto, decía: "¿Cómo no iba a manifestarse ese salto hacia una
realidad auténtica cuando bajo su techo se venía reiterando la injusticia, la
discriminación, la estafa moral que no era más que el reflejo de lo que sucede
allá en la patria, allá en los países de América Latina? Tomar esa residencia
ha significado para los estudiantes entrar escoba en mano en una casa sucia
para limpiarle el polvo de mucha ignominia, de mucha hipocresía (…). Detrás de
la ocupación de lo que es propio hay una conciencia que va mucho más allá del
perímetro de una residencia universitaria; simbólicamente, poéticamente, estos
muchachos han tomado a la Argentina entera para devolverla a su verdad tanto
tiempo falseada; y decir eso es decir también América Latina, es sentir a
través de este impulso y esta definición toda la angustia de un continente
traicionado desde dentro y desde fuera".
Coincidencia histórica o azar del destino, en
los últimos meses esa misma Casa Argentina fue motivo de polémica y repudio.
Como es de público conocimiento, la gestión de su director —designado por el
Gobierno argentino de Javier Milei en 2024 y renunciante en septiembre— suscitó
denuncias por expulsiones de residentes, por el retiro de una placa en homenaje
a las víctimas de la dictadura y por reuniones de grupos de extrema derecha
europea en la residencia. El Ayuntamiento de París llegó a pedir al Gobierno
francés que investigara su gestión.
UNA OBRA, UN CIUDADANO
En síntesis, independientemente de mi voluntad,
la actualidad social se posa sobre mi mesa de trabajo. En mi caso, tengo que
corregir unas pruebas de galera y preparar el recorrido cultural del sábado
sobre el Boom Latinoamericano. Pero, insistente, la situación en Francia se
erige como una barricada ante mis actividades inmediatas y, con una pancarta,
me dice: "Alto, aquí estás, aquí puedes darnos tu apoyo, encontrar tu
comité de acción en esta lucha". Y así, un conjunto de libros, PDF,
enlaces y fotografías forma la base material de la barricada y, en ella,
encuentro la posibilidad de releer a Julio Cortázar, Carlos Fuentes y Gabriel
García Márquez hablando de aquel Mayo de 1968, pero cuyas palabras pueden, sin
duda, dar lumbre a este 2026.
Todo lo cual me invita a pensar —e invito a
ustedes, lectores y ciudadanos, a hacerlo— que ya en 1842 un editorial del
periódico alemán Kölnische Zeitung, advertía: "La ignorancia es una
fuerza demoníaca y tememos que sea todavía la causa de muchas tragedias".
Creo, pues, que allí se vislumbra otro aspecto que dialoga con la pregunta
introductoria: el escritor es, ante todo, un ciudadano y, conjugando ambos
aspectos, puede contribuir a eliminar lo más posible la ignorancia como el mal
fundamental de todas las aflicciones.
De ahí que el compromiso deba realizarse en dos
planos: en la obra literaria, ofreciendo una obra; y en el escritor, siendo un
ciudadano. Así, la literatura no quedaría condicionada a lo inmediato ni
reducida a un bien de consumo o de cambio, intercambiable, sino que sería un
bien de uso, pero de un uso que no se agota en lo práctico inmediato: tendría
un valor universalista y serviría, en todo caso, a la expresión de una realidad
más amplia. No una realidad dicotómica, sino una que ensanche los grados de
comprensión de ese fenómeno que llamamos vida en sociedad.
Con este presupuesto, aquella pregunta toma un
nuevo interés, sobre todo en este contexto "febril", como algunos
medios intentan definir la actualidad francesa —aunque la causa que genera tal
fiebre tiene una pretensión global—. Así, las similitudes y diferencias entre
el Mayo del 68 y lo que algunos ya llaman la "semana roja" u
"octubre rojo" despiertan el interés por el análisis. Sería lo más
justo acercarnos a comprender la ironía de este fenómeno, pretendidamente
local, que comienza a tomar una dimensión mundial.
