DISTROFIA MUSCULAR DE DUCHENNE: QUÉ ES LA ENFERMEDAD GENÉTICA QUE CAMBIÓ LA VIDA DE AGUS

Un diagnóstico que llegó de golpe, una ventana terapéutica que se cierra antes de los 8 años y una familia que aprendió a correr contra el tiempo. La historia de Agustín llegó a Todo Noticias.

Agustín Garnier tiene 6 años, vive en Villaguay y el año pasado recibió un diagnóstico que partió a su familia en dos: distrofia muscular de Duchenne.

Se trata de una enfermedad genética, progresiva e incurable que, sin intervención, condena a quien la padece a perder la marcha durante la primera o segunda década de vida.

Por ahora, Agus corre, patea una pelota y hace básquet dos veces por semana, pero detrás de esa imagen de nene sano hay un organismo que trabaja en su contra desde adentro, silencioso y metódico.

 

UNA ENFERMEDAD QUE ATACA DESDE EL ADN

La distrofia muscular de Duchenne es causada por mutaciones en el gen DMD, lo que impide que el cuerpo produzca distrofina, una proteína esencial para mantener la integridad de las fibras musculares. Sin ella, los músculos se dañan de forma irreversible y son reemplazados progresivamente por tejido graso y conectivo. El proceso no se detiene: compromete la movilidad, el corazón, los pulmones y el hígado.

Afecta principalmente a varones -está ligada al cromosoma X- y su prevalencia se estima en aproximadamente 1 de cada 3.500 a 5.000 nacidos varones a nivel mundial, según datos de la Organización Mundial de la Salud y organismos de enfermedades raras como NORD (National Organization for Rare Disorders, EE.UU.).

“Con Duchenne, los chicos dejan de caminar entre los 10 y los 12 años y ya empiezan en silla de ruedas”, explica Gladys Gómez, madre de Agustín. “Entonces me tengo que apurar a hacerlo todo ahora”, razonó.

 

EN ARGENTINA, SOLO PALIACIÓN

En el Hospital Garrahan de Buenos Aires, donde Agustín es atendido, el tratamiento disponible consiste en corticoides, calcio y vitaminas. Es el estándar local: no cura, no frena la enfermedad, apenas morigera algunos síntomas y ralentiza ciertos efectos.

Los corticoides, en el caso de Agustín, redujeron los tropiezos frecuentes que tenía antes del diagnóstico, pero su precio se paga caro: retraso en el crecimiento, riesgo de diabetes, restricciones en la alimentación. “El corticoide le hace bien a Agustín porque antes tropezaba mucho y ahora no. Pero se van viendo los efectos secundarios: no está creciendo de estatura”, cuenta Gladys.

Además del tratamiento médico, Agustín tiene kinesiología tres veces por semana, terapia ocupacional, psicología y psicopedagogía. Una agenda que podría ser la de un adulto, pero que es la de un chico de 1º grado.

“La neuróloga me dijo que si tengo los medios para llevarlo a otro país, es lo mejor que puedo hacer porque acá no entra nada”, relata su madre.

 

LO QUE LA CIENCIA ESTÁ PROBANDO

En los últimos años, la terapia génica abrió una puerta que antes no existía para la DMD. El fármaco delandistrogene moxeparvovec -conocido comercialmente como Elevidys- funciona como un vector viral que introduce una versión funcional y reducida de la distrofina en las células musculares.

Un estudio de fase 3, doble ciego y controlado con placebo -el ensayo clínico EMBARK, liderado por la Dra. Krista Vandenborne de la Universidad de Florida, EEUU- evaluó el efecto de este tratamiento en 39 pacientes de entre 4 y 7 años durante 52 semanas. Los resultados, medidos por resonancia magnética cuantitativa, mostraron menor acumulación de grasa muscular y mejoras en parámetros de relajación tisular en quienes recibieron el fármaco frente a los que recibieron placebo.

“Los hallazgos sugieren que el tratamiento ayuda a estabilizar la enfermedad o a frenar su avance”, concluye el estudio, publicado recientemente. Sin embargo, los propios investigadores son cautelosos: se trata de resultados preliminares en un subgrupo acotado de pacientes y la eficacia a largo plazo aún está siendo evaluada.

El medicamento está aprobado condicionalmente por la FDA de Estados Unidos para niños de entre 4 y 5 años, y solo se puede administrar en centros especializados de ese país o de España.

 

UNA CAMPAÑA QUE PIDE DIFUSIÓN, MÁS QUE DINERO

La familia de Agustín lanzó la campaña “Todos por Agus” para visibilizar su situación. Gladys está gestionando una videollamada con un centro en España, explorando opciones y moviéndose -como dice ella- “con lo que salga”.

El costo del tratamiento -4,5 millones de dólares- convierte la posibilidad de acceso en una quimera para cualquier familia argentina. Pero la campaña apunta a que la historia de Agus llegue a más ojos: a fundaciones, a organismos internacionales, a quienes puedan orientar a la familia en este laberinto.

Quienes deseen colaborar económicamente pueden hacerlo a través del alias unidosporagustin, a nombre de Gladys Mabel Gómez Santander (TN).

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