Este domingo, durante la celebración
del Día del Niño en la Plaza Francisco Ramírez de Villaguay, familiares de Oscar
“Zapallito” Sosa recibieron de manos de las autoridades municipales una
plaqueta recordatoria en reconocimiento a su trayectoria y a la alegría que
durante tantos años regaló a la comunidad.
El homenaje
no fue solamente para un artista. Fue también el reconocimiento a una parte de
la historia cultural y afectiva de Villaguay.
Porque
quizás muchos de quienes hoy son adultos alguna vez fueron aquellos niños que,
en medio de una fiesta, miraban asombrados a “Zapallito” realizar su número de
lanzallamas, se reían con sus ocurrencias, compraban un copo de azúcar o se
llevaban un globo.
EL CIRCO FUE SU ESCUELA
Oscar
“Zapallito” Sosa nació en Capital Federal y tuvo una infancia difícil. Eran
tres hermanos y, tras el fallecimiento de su madre, fue criado por su hermana
mayor.
En medio de
aquellas circunstancias, encontró en el mundo del circo un lugar donde aprender
un oficio. Se vinculó con personajes y propietarios de un circo, quienes fueron
parte de sus primeros aprendizajes y le permitieron conocer los secretos de una
profesión que terminaría abrazando durante toda su vida.
Allí comenzó
a formarse como artista y, con los años, fue incorporando distintas disciplinas
hasta convertirse en ese personaje entrañable que Villaguay recordaría para
siempre como “Zapallito”.
Fue payaso,
mago, titiritero, actor y lanzallamas. Tenía una capacidad especial para
sorprender y, sobre todo, para conectar con el público.
¿POR QUÉ “ZAPALLITO”?
Hasta su
apodo tenía una historia.
Oscar
contaba que, durante sus primeros años vinculados al circo, algunas veces les
tocaba viajar en carro de un lugar a otro. Con su particular sentido del humor,
decía que en esas travesías había viajado “como zapallo en un carro”.
Y así nació
el nombre con el que generaciones enteras de villaguayenses lo conocieron.
EL LANZALLAMAS Y LA
PEQUEÑA MAGIA DE LA MONEDA
Uno de sus
números más recordados era el lanzallamas, que dejaba hipnotizados a chicos y
grandes durante fiestas, carnavales y celebraciones populares, tanto en
Villaguay como en localidades vecinas.
Pero también
había trucos sencillos que provocaban enormes carcajadas.
Uno de ellos
era el de la moneda: desaparecía y, de pronto, aparecía en el bolsillo de
alguno de los presentes.
Una pequeña
magia que, para los chicos, podía convertirse en un momento inolvidable.
“Zapallito”
vivía de sus contrataciones y llevaba su espectáculo allí donde lo convocaban.
Recorrió escuelas de Villaguay y de toda la zona, además de presentarse en
distintas localidades de Entre Ríos, otras provincias y también en países
vecinos.
UN HOMBRE QUE TAMBIÉN
AMABA EL TANGO
Amante del
tango y ferviente admirador de Carlos Gardel, “Zapallito” también dejó su
huella en una iniciativa que hoy forma parte del paisaje y la identidad de
Villaguay.
Según
refiere su hija Florencia, hacia fines de la década de 1980, Oscar solicitó al entonces
intendente de entonces el emplazamiento de un busto de Gardel en la calle con
el nombre del máximo ídolo del tango, en la zona norte de la ciudad.
Su
admiración por Gardel era profunda y, a través de ella, también transmitió a
muchos su amor por el tango.
UN RECUERDO QUE SIGUE
VIVO
Sus hijos lo
recuerdan con amor y respeto por su profesión. Lo describen como “un padre
presente y ocurrente”, un hombre con quien, aseguran, “no te podías aburrir”.
Por eso, el
homenaje realizado durante el Día del Niño tuvo un significado especial.
Volver a
nombrar a “Zapallito” en una celebración dedicada a los chicos fue también
recuperar la memoria de aquellos niños que alguna vez lo vieron actuar y que
hoy, ya adultos, pueden contarles a las nuevas generaciones quién fue aquel
personaje capaz de convertir una fiesta en un recuerdo para toda la vida.
Zapallito
fue mucho más que un payaso que hacía reír.
Fue payaso,
mago, titiritero, actor, lanzallamas y, por sobre todas las cosas, un personaje
querido de la memoria popular de Villaguay.
De esos
artistas que pasan por una comunidad y dejan algo que no se borra: una sonrisa,
una anécdota, una imagen y el recuerdo de haber sido felices, aunque fuera por
un instante.
