Celebrar el Día del Periodista hoy no es tarea sencilla. No se puede escribir sobre el valor de la palabra ignorando el sonido ensordecedor de las redacciones que se apagan. Este año, la felicitación llega con un nudo en la garganta y una profunda preocupación por el presente y el futuro de nuestro oficio.
El periodismo atraviesa una tormenta perfecta. Asistimos, con dolor e impotencia, a la pérdida constante de fuentes de trabajo, a la precarización de quienes sostienen la información día a día y, más recientemente, al golpe devastador que significó el cierre de un diario centenario de Villaguay. No se fue solo una empresa; se apagó un faro que formó parte de la identidad de nuestra comunidad, un testigo histórico que comunicó y acompañó a varias generaciones, dejando un vacío imposible de llenar, y junto a ese derrumbe, personas que a la par pusieron horas de diagramación para hacer llegar la noticia de forma ordenada, clara. Complementos necesarios que hacen un todo.
Cuando un medio centenario cierra sus puertas, la sociedad pierde mucho más que un trozo de papel o un portal web:
Se debilita la memoria de un pueblo que se miraba en esas páginas.
Se reduce el pluralismo, dejando menos voces para contar la realidad.
Quedan familias desamparadas, profesionales valiosísimos cuya vocación es puesta a prueba por la crisis económica.
El periodismo no es solo un oficio, es un termómetro democrático y un lazo social. Sin periodistas, la ciudadanía queda a ciegas; sin fuentes de trabajo dignas, la verdad se vuelve más vulnerable.
Por eso, en este día, la mejor manera de homenajear a los periodistas no es con saludos protocolares, sino con solidaridad y memoria. Solidaridad con los compañeros que hoy defienden sus puestos de trabajo o buscan reinventarse, y memoria para valorar el legado de los medios que nos formaron.
Hoy más que nunca, reivindicamos la necesidad de un periodismo libre, ético y, sobre todo, sustentable. Porque una sociedad bien informada necesita de periodistas que puedan vivir dignamente de su profesión. El desafío es enorme, pero la búsqueda de la verdad y el compromiso con la comunidad siguen siendo banderas que no podemos —ni debemos— dejar caer.
S.C.
